DUDAS QUE AHOGAN

8 jul 2010 en 14:46


Llega un momento en la vida de las personas en el que el horizonte se nubla y todo parece volverse contra uno mismo. El mal humor brota más a menudo que en etapas pasada. La sonrisa ya no es espontánea como antes. El árbol de nuestra vida está dejando de crecer y se está empezando a secar. Todo el edificio de nuestra vida está empezando a resquebrajarse. Es el momento de la encrucijada. Divorcios, neurosis, físicos decadentes, cambios continuos en el trabajo, gritos en el hogar, repliegue en la lucha, desánimo, desazón... Ya no confiamos en las personas como antes, ya vemos antes no negativo que lo positivo de la realidad, la vemos fría, oscura, injusta, severa. El físico empieza ya a fallar y nuestra mente se convierte en el enemigo número uno de nosotros mismos. Y es entonces cuando nos preguntamos: ¿será ley de vida todo este declinar? ¿Está dentro de las reglas del juego de la vida que esa etapa de la existencia humana se hunda hacia tan triste realidad? Es entonces cuando el único candil que hace brotar una pequeña llama de luz es el llamado esfuerzo.



La historia de la humanidad, esa historia que permite avanzar al hombre, la han hecho, y la hacen cada día personas que no se rinden. Todos los que han aportado algo a la humanidad fueron personas que, ante las dificultades, se superaron y no se quedaron en el camino. Alcanzaron el sitial que actualmente ocupan gracias a su deseo de superación. Pero desgraciadamente, como ya he dicho antes, hay un momento en la vida de las personas en las que parece que el camino se nos pierde. Cuando caminamos por un bosque, y tenemos por delante muchos caminos, nos desorientamos, perdemos la dirección y no sabemos por dónde seguir. Pero no te apures, esto nos sucede a todos en la vida, ahí reside su encanto. Días de gran claridad se entremezclan con noches oscuras que nos complican la existencia. Y cuando nos encontramos en esta situación es cuando necesitamos más luz y más serenidad para enderezar el camino. Delante hay varias sendas, pero no será igual encaminarse por una que por otra. En el camino a seguir nos jugamos demasiado: todo o nada, feliz y desgraciado, visible o anónimo, querido o ignorado. Cuando estamos en esa bifurcación es importante acertar con el camino a seguir. Pero no podemos emprender ninguno de esos caminos si no nos esforzamos por recorrerlo.


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